A todos alguna vez nos han diagnosticado una enfermedad crónica o de larga duración, lo primero que sentimos es miedo e incertidumbre. Miedo a que nos puede pasar, si funcionará el tratamiento. Este miedo en muchos casos nos bloquea y paraliza y no nos deja avanzar. Esto es solo el comienzo de una serie de etapas que tenemos que pasar.
Estas etapas suceden no solo en el paciente sino en toda la familia. Se atraviesa por una serie de fases como son la negación, miedo, ira, culpa, ansiedad y aceptación. A veces nos quedamos en alguno de estos estados, la enfermedad avanza y seguimos ahí, quedamos atrapados sin saber cómo salir.
Miedo y negación suelen aparecer desde el inicio, siempre pensamos “porque me ha sucedido a mi” y buscamos incluso segundas opiniones. En los familiares y el cuidador el miedo todavía es más potente ya que en muchas ocasiones va aparejado de cambios en estilo de vida e incluso cambios económicos lo que crea un estado de ansiedad permanente. Esta no aceptación de la enfermedad nos puede llevar a no tener resultados óptimos y no adherencia al tratamiento.
Cuando vamos a la consulta, con nuestro médico de atención primaria o especialista, está basada la atención en un sistema sanitario en el cual el paciente aparece, se le trata la enfermedad y es dado de alta. Hay que evolucionar hacia modelos diferentes y ya testados desde hace tiempo como por el referente de innovación que es “Modelo Wagner de atención a Enfermedades Cronicas – Chronic Care Model (CCM) desarrollado en Estados Unidos por
Wargner EH y colaboradores del MacColl Institute for Health care de Seatle, donde el paciente se va con un plan preventivo y de tratamiento recibiendo apoyo continuo del sistema sanitario donde hay un equipo sanitario transversal y proactivo con formación en Health Coaching, donde se trata no solo la enfermedad sino también la gestión de emociones para su aceptación y adaptación al tratamiento y la enfermedad.
El HEALTH COACH, ayuda a los pacientes, familiares y cuidadores en su evolución y en quedarse atrapados en las emociones , acompañándoles en su identificación y gestión, poniendo el foco en el paciente (patient centricity) y no en el profesional y la enfermedad para alcanzar sus metas de salud.
Esto supone un cambio de paradigma ya que activa, desde dentro del paciente, su transformación con una mayor efectividad al ser más consciente de sus emociones, creencias y el porqué de su comportamiento actual referente a la enfermedad, sintiéndose escuchado apoyado y generando menos resistencia y se obtiene una mayor implicación y adherencia, pudiéndose realizar no solo en la consulta sino utilizando otras herramientas no presenciales como el teléfono o las nuevas apps de la telemedicina.

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